el blog y la nada
si alguien me preguntara: oye, y estás segura de que vale la pena escribir un blog?
yo le respondería: nunca lo he sabido. mira, hace casi siete meses que no escribía nada.
Sin rima ni razón.
si alguien me preguntara: oye, y estás segura de que vale la pena escribir un blog?
cómo puede una ir así: de la azotea del edificio más bello de una ciudad de por sí hermosa, bajo un cielo nublado por los dioses del perdón al lado opuesto, un lugar arrumbado en el mundo, donde una no merece ni el sol del olvido.
soñé que me preguntaban cuál era la función de lo literal dentro de la literatura
muchas cosas me gustan de la ciudad de méxico. una de ellas son esas semanas entre febrero, marzo y abril en que florecen las jacarandas. supongo que las jacarandas son bonitas donde sean, pero verlas florecer en medio de dos bloques de edificios, junto a un eje vial o en un estrecho camellón tiene algo de generosa necedad.
ayer vi algo que jamás en mi vida había visto: un mujer ciega, en el metro, que llevaba tacones.
dicen que cuando era niña me dio por jugar con una caja de zapatos. dentro de la caja guardaba distintas cosas: algún muñequito, un listón, una pelotita, cosas así. dice mi hermana mayor que jugaba todo el día con la caja. la llevaba de un lugar a otro, vaciaba sus contenidos, los volvía a guardar y de nuevo emprendía la búsqueda de otro lugar para jugar.